El próximo 28 de agosto, el mundo del cómic celebrará el centenario del nacimiento de Jack Kirby, uno de los artistas más prolíficos, quien dejó su sello indeleble, el cual, traspasó décadas, ubicándose en la imaginación de miles de creadores, tanto del Noveno como del Séptimo artes, debido a su estilo casi cinemático con que contaba cada panel, ya fuera de un guión escrito por él o por el propio, Stan Lee.

Por Daniel Flores Chávez
De nombre, Jacob Kurtzberg, este nativo de Nueva York, se convirtió desde muy joven en un pilar de Timely, que a la postre se convertiría en Marvel Comics. Kirby construyó el icónico estilo gráfico de personajes como «Los 4 Fantásticos», «Iron Man», «Avengers», «X-Men», «Thor» y el «Capitán América», esbozando las historias de Stan Lee, ofreciendo dinámicas batallas, sufrimiento, gozo, ira, tristeza y una amplia gama de sentimientos por parte de héroes y villanos, creándolos con sólo un trazo, perfecto y preciso, para darle un toque de humanidad a estos seres fantásticos.

Para varios expertos, «Thor» es sin duda su mejor trabajo, haciéndolo debutar en 1962, con guión de Lee, en una trama, si bien simplona (por mera casualidad, el alter-ego del «Dios del Trueno», el debilucho «Doctor Don Blake», se topa con una caverna donde está el martillo de «Thor», justo cuando una raza extraterrestre aterriza en la Tierra para conquistarla), establece desde su inicio la imaginería que acompañará al personaje de la mitología nórdica hasta nuestros días, detallando de manera extraordinaria los rasgos físicos del que quizá, sea el paladín más poderoso de Marvel.

Kirby, en comunión con el autor, Joe Simon, crearon en los cuarenta al «Capitán América», tornándolo en un auténtico estandarte pro-americano en la Segunda Guerra Mundial, y de paso, en un mega éxito de ventas. La grandeza del súper-héroe ataviado con los colores de la bandera estadounidense, azul, blanco y rojo, provenía no sólo de su alto grado de patriotismo en plena contienda bélica, también, porque Simon y Kirby, lo dotaron de un gran optimismo, en torno a un simple individuo con ideales muy comunes, no necesariamente para la Unión Americana, también, para el resto del globo.

En la década de los setenta, harto del exagerado protagonismo de Stan Lee, Kirby partió a la competencia, DC Comics, donde creó proyectos más personales, como «New Gods», «Mister Miracle» y «The Forever People», dando rienda suelta a sus propias creencias, que abarcaban la posibilidad de que entidades intergalácticas hubieran visitado la Tierra años antes de los dinosaurios, dejando parte de su tecnología extraviada. Igualmente, creó todo una mitología de deidades tecnificadas, de ciudades apocalípticas, regidas por líderes supremos.

Así, nació de su mente el villano más poderoso del Universo DC, «Darkseid», el señor del planeta «Apokolips», el incansable buscador de la «Ecuación Anti-Vida». Kirby estableció a este nefasto ente, tan fuerte como «Superman», basándose en el rostro del actor, Jack Palance (ese mismo que le dio un inmerecido Oscar a Marisa Tomei por «Mi Primo Vinny» (1993), al equivocarse al leer la tarjeta del ganador, cual «La, la landazo»), y en la personalidad de Hitler, dando lugar a semejante némesis, el cual, aún no se sabe si por lo menos hará un cameo en la película de «La Liga de la Justicia», a estrenarse este próximo noviembre. Sólo esperemos que, si no aparece, los nuevos fans «marvelitas» no vayan a decir que «Thanos» fue primero. De hecho, «Thanos», el todopoderoso malvado de «Avengers: Infinity War», es mera copia del buen «Darkseid». «Thanos» apareció en 1973, mientras que el grisáceo dios interplanetario lo hizo en 1970.

Retomando la trayectoria de Kirby, estos títulos le valieron estupendas críticas, pero bajas ventas. Aún así, creó para DC otros personajes y organizaciones, hoy todavía vigentes, como «Kamandi», «OMAC» o «Etrigan», los cuales vienen y van, pero en su momento, ofrecieron ideas distintas, historias innovadoras, caracteres complejos, y sobre todo, una impresionante selección de coloridas tonalidades, imposibles de pasar desapercibidas.

Retornó a Marvel a mediados de la década de los setenta, donde todavía se dio el lujo de crear a nuevos personajes, como «Black Phanter», que ya hasta cuenta con su propio filme, a debutar en 2018, y «The Inhumans», cuyo estreno en IMAX está a la vuelta de la esquina, sin olvidar la alocada historia, «Devil Dinosaur» (ésta seguro nunca tendrá película), protagonizada por un T-Rex rojo y un primate adolescente, que se hacen amigos desde la infancia (toda una joya del cómic, se puede conseguir la antología completa en Amazon), y por supuesto, su obra más personal, «The Eternals».

Siempre fascinado por la posibilidad de que culturas antiguas tuvieron contacto con avanzadas civilizaciones extraterrestres, Kirby se lanzó a la tarea de recrear esta idea en «The Eternals», cuyo número uno cautivó al público, debido a su voraz imaginación, con la que narra la travesía de dos arqueólogos, padre e hija, en compañía de un misterioso camarógrafo, quienes descubren en las ruinas incas, una serie de espectaculares grabados de lo que pueden ser naves espaciales y sus tripulantes. Partiendo de ahí, inicia una saga que develará, según Kirby, que los «dioses», sea cual sea la religión, eran más bien, gigantes interplanetarios que ayudaron a la raza humana a desarrollarse.

El estilo visual de «The Eternals» resulta imponente, de grandes escenarios, inmensas ciudades, vehículos amorfos, grotescos y bellos personajes, todo combinado con la visión propia de Kirby en materia de arte pre-hispánico, dándole un toque futurista, bastante vanguardista y poderoso.

Siempre inquieto, Kirby, tras su participación y legado con Marvel y DC, colaboró con Pacific Comics, Eclipse Comics, Topps Comics, y hasta, Hanna-Barbera, empresa de animación, donde creó a «Thundar el Bárbaro», una especie de «Conan», pero en el futuro. Falleció a los 76 años de edad.

Así que no es para menos el centenario del apodado «Rey», Jack Kirby, quien básicamente dibujó y creó el estilo a seguir por miles de ilustradores y escritores, que hoy en día siguen admirando los enigmáticos puntos de poder, con los que Kirby daba fuerza a sus trazos, colocándolos justo donde la acción lo requería para enfatizar tanta e inigualable grandiosidad.