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Spielberg: De la fantasía al patriotismo. Parte 1.

La década de los sesenta: Época de los hippies, los alucinógenos, el sexo libre, la Guerra de Vietnam, los Hermanos Kennedy y una nación, Estados Unidos, que buscaba el poderío absoluto a través de la llegada del hombre a la luna. En este marco surgió un cineasta que quedaría influenciado por este periodo trascendental para la historia norteamericana: Steven Spielberg; creador de mitos cinematográficos como Tiburón o E.T.

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Por Daniel Flores*

Nació el 18 de diciembre de 1946 en Cincinnati (Ohio), y creció en los suburbios de Haddonfield (New Jersey) y Scottsdale (Arizona). Spielberg siempre estuvo fascinado con la industria del cine. De niño cobraba entradas para sus películas caseras (las cuales incluían accidentes ferroviarios que él representaba con su juego de trenes Lionel) mientras su hermana vendía palomitas de maíz. 

A la edad de 12 años ya tenía terminada su primera producción con guión y actores incluidos. Un año después, a la edad de 13 años, Spielberg ganó un premio por una película de guerra de 40 minutos de duración cuyo título era Escape to Nowhere. En 1963, a los 16 años, su producción de 140 minutos llamada Firelight, que posteriormente lo inspiraría para realizar Encuentros cercanos del tercer tipo, fue presentada en el teatro local y le dio 100 dólares de ganancias.

Sus pininos a nivel profesional se dieron en la pantalla chica en el programa Galería Nocturna, emisión creada por Rod Serling, precursor de la fantasía en televisión con la serie Dimensión desconocida. Serling, para realizar Galería, se dio a la tarea de reclutar a pasantes o egresados de las principales facultades de cine de las universidades norteamericanas. En la Universidad Estatal de California le recomendaron ampliamente a Spielberg, sobre todo porque, según sus profesores, tenía un don para narrar historias.

Así, Serling decidió que Spielberg dirigiera dos capítulos de la serie, incluidos Hazme reír y Ojos. Desafortunadamente, no recibió optimas críticas, aunque fue invitado para dirigir episodios en otras series de televisión de la cadena NBC, como: Columbo, El siquiatra, El nombre del juego, Marcus Welby M.D. y Owen Matrshall. Entre 1969 y 1971, el nativo de Ohio comenzó a especular sobre el futuro de su carrera cinematográfica, ya que su deseo era filmar películas, no capítulos para televisión. 

En 1971, la NBC le encomendó dirigir la cinta para televisión, Duel, basada en un guión del prolífico autor de horror, Richard Matheson. Suponiendo que fracasaría, los directivos de la cadena televisiva le prepusieron apoyarlo económicamente, ya que veían en él un gran talento, sin embargo, lo amenazaron con despedirlo si la cinta recibía críticas negativas.

Así, Spielberg afrontó el reto, y apoyado en un presupuesto mayor al que se le daba a otros directores en la cadena, contrató al actor Dennis Weaver, un hombre no muy atractivo, pero de gran capacidad histriónica y de amplio parecido físico con el director. La decisión parecía incorrecta, ya que el personaje de Weaver enfrentaba por sí solo a un tráiler asesino, en un duelo tipo David contra Goliat. La delgadez de este intérprete no le proporcionaba un marco adecuado para ser el paladín justiciero que venciera al mal.

Por si fuera poco, Spielberg implementó una segunda unidad, mecanismo que no se utilizaba para películas televisivas, y adquirió varios tráilers similares con el propósito de usarlos en diferentes escenas, lo que le acarreó críticas por parte del estudio ya que sentían que estaba gastando el dinero sin ton ni son y perdiendo el tiempo. A Steven le habían dado un mes para efectuar el rodaje.

Durante las dos primeras semanas de grabación, Spielberg comenzó a sufrir los estragos de querer filmar para televisión como si fuera cine. No lograba rodar el guión de manera cronológica, como se estila en la pantalla chica norteamericana, y su segunda unidad era la que realizaba las tomas más importantes, con Weaver en escena. Él se dedicaba a grabar los cuadros en torno al vehículo, a veces, obsesionado con filmar diversos planos de una misma escena.

Faltando cuatro días para la fecha de estreno, Spielberg por fin terminó de grabar, y contó con la fortuna de que la NBC poseía el mejor equipo de edición, por lo que el filme quedó listo justo a tiempo. Las críticas resultaron positivas, cada decisión de Spielberg fue justificada. Weaver, efectivamente, no parecía el típico héroe americano, pero sí inyectaba a su personaje una dosis de fragilidad y locura capaces de ser sus cualidades para enfrentar al tráiler asesino. Además, creó a su primer “monstruo cinematográfico”, el tráiler, que durante la hora y media de duración del filme, se convirtió en el auténtico protagonista. Por decisión de Steven, jamás aparece a cuadro el rostro del individuo que conduce el maligno vehículo, ofreciendo mayor suspenso al desarrollo de la trama. 

Duel fue la cinta que verdaderamente catapultó a Spielberg a Hollywood, ya que con pocos recursos logró crear una atmósfera sórdida, verosímil y hasta aterradora, todo esto en 90 minutos, además, halló en Weaver el tipo de actor y de personaje que marcarían a los protagonistas de sus futuros trabajos. Igualmente, repetiría la dosis de escasa aparición en escena del villano, ya que con Tiburón, su cinta emblema, crearía a uno de los monstruos más aterradores y famosos, pese a que sólo intervendría durante siete minutos.

Luego de Duel, realizó otros dos filmes para televisión: Something evil y Savage, pero en 1974 surgió su gran oportunidad, ya que Universal Pictures lo contrató para dirigir el drama, Sugar Land Express, protagonizado por Goldie Hawn. En esta película, Spielberg nuevamente mostró sus dones de narrador al contar un drama familiar, e incluyó una toma jamás realizada antes: un paneo de 360 grados mientras sucede una conversación dentro de un carro. La cinta no tuvo éxito en taquilla pero recibió buenas críticas.

El siguiente proyecto de Spielberg sería el éxito literario de Peter Benchley, Tiburón. El rodaje del filme se convertiría en toda una pesadilla, los 50 días de filmación originalmente planeados se convirtieron en 140, el presupuesto subió de 4 millones y medio de dólares a más de 10, pasaban los días y el tiburón mecánico no conseguía funcionar, en resumen, la carrera de Spielberg parecía hundirse y Hollywood no disimulaba la burla. 

Sin embargo, Spielberg logró terminar la película, convirtiéndola en un impresionante ejercicio de suspenso y terror, siendo la primera cinta en recaudar más de 100 millones de dólares. Tiburón logró ser nominada al Oscar, pero no Spielberg, quien nuevamente recordó la marginación de sus días de adolescente, cuando varias escuelas lo rechazaron para ingresar a seminarios del Séptimo Arte.

Tiburón hizo que el nombre de Steven Spielberg comenzara a sonar fuerte entre los grandes estudios de Hollywood. Así, con mayor libertad creativa, Spielberg, de 30 años, dedicó sus mejores esfuerzos en llevar a la pantalla grande una de sus mayores fantasías adolescentes: la llegada de los extraterrestres. 

Con mayor control del proceso creativo, Spielberg se dio a la tarea de filmar Encuentros cercanos del tercer tipo, en homenaje a las cintas de ciencia ficción que él veía cuando era niño. Pero su proyecto fue más afortunado, ya que además de recaudar millones de dólares en la taquilla recibió grandes elogios por la visión humana que tenía de la convivencia con otras especies, lamentablemente, con el paso de los años, Spielberg olvidó este discurso sobre la tolerancia para afrontar el modo de vida de muchos americanos, el miedo a lo ajeno, que se dio a partir de la Guerra Fría, entre los sesenta y ochenta, cuando el mundo estaba en vilo, esperando un ataque nuclear por parte de alguna de las dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero antes de convertirse en el paladín del american way of life, Spielberg maravilló al mundo con sus visiones sobre lo fantástico con cintas como Cazadores del arca perdida y E.T. Sin embargo, tras el auge en los Estados Unidos del género de ciencia ficción, merced al éxito de Star Wars de George Lucas, Spielberg intentó incursionar en otra modalidad, la comedia, y en 1979 filmó 1941, protagonizada por actores que en ese momento representaban a lo mejor de la comedia estadounidense, Dan Aykroyd, John Belushi y Ned Beatty (los dos primeros, surgidos del programa de NBC, Saturday Night Live), en la que aborda una parodia del ataque a Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta cinta fue la primera donde Spielberg comenzó a mostrar cierta intolerancia hacia los extranjeros, ya que se burlaba de los japoneses, mostrándolos como cartabones, como los villanísimos de la historia, y por el contrario, presentaba a los californianos, donde curiosamente no aparece ningún latino, como seres nobles, bondadosos y heroicos. La película no tuvo el éxito esperado y fue despedazado por la crítica, que le pedía a Spielberg retornara con sus extraterrestres o monstruos marinos.

Al inicio de los ochenta, la amistad entre Spielberg y Lucas se fortaleció. Ambos fueron presentados por el también director, Francis Ford Coppola, famoso por la trilogía de El padrino, y de ahí nació un interés mutuo, no sólo por el cine, también por desarrollar la tecnología para la labor del cineasta.

Era 1981, Ronald Reagan había sido elegido Presidente de los Estados Unidos, y comenzaba así la época final pero más cruenta de la Guerra Fría. Reagan y sus colaboradores apostaron todo a fortalecer una ideología donde el capitalismo era la base de la felicidad. Todos los campos de la vida norteamericana quedaron marcados por esta confrontación entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El cine no escapó a esta tendencia.

En ese año se estrenó la primera cinta realizada por Spielberg y Lucas, Los cazadores del arca perdida, historia de aventuras centrada en un arqueólogo, Indiana Jones, que durante la época pre-nazi se lanza a la búsqueda de la mítica Arca de Noé. Por primera vez, Spielberg utilizó a un actor atractivo, Harrison Ford, alejándose de los protagonistas flacuchos y barbones como Roy Schnider (Tiburón) o Richard Dreyfuss (Encuentros cercanos), quienes en el pasado le acompañaron como encarnaciones en pantalla del propio Steven.

La película causó furor en el mundo y nuevamente colocó a Spielberg en los cuernos de la luna. Fue un éxito en taquilla y en la crítica, una oda narrativa, un espectáculo colosal, que cautivó a niños y adultos. El combo Lucas-Spielberg ofrecía sus mejores frutos, pero lo mejor y peor del cineasta judío estaba por venir.

Convencido de que la amenaza socialista podría acabar con el mundo, Spielberg comenzó su cruzada con tintes levemente políticos. Con El arca perdida, traía a las nuevas generaciones el recuerdo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Presentaba los riesgos que vendrían si una ideología no americana se adueñara del mundo. Asimismo, Harrison Ford, en su papel de Indiana Jones, representaba el triunfo del bien y la justicia de la democracia, ya no ante monstruos o extraterrestres, sino ante otra forma de pensar.

Para el mundo occidental, fuera de los Estados Unidos, la película era buena pero exagerada y ya no un entretenimiento, sino un planteamiento claro y marcado de la era fría. A la par del arqueólogo, surgieron diversos personajes con las características antes mencionadas, interpretados por Sylvester Stallone y Arlond Schwarznegger, que lideraron la taquilla con cintas como: Rocky, Rambo, Depredador, Cobra, Infierno rojo y otras tantas donde el paladín rescataba al mundo de los rusos, o bien, eran rusos que al comprobar las bondades del sistema americano se cambiaban de bando.

El siguiente éxito de Steven fue E.T. el extraterrestre, película alabada en todo el mundo, en la que Spielberg había llegado al máximo de sus capacidades. Simple y sencillamente logró una obra maestra, nuevamente, aceptando al foráneo, en este caso E.T., dentro de una sociedad existente, reconfortándolo y ayudándolo, en un claro mensaje de fraternidad. Lamentablemente, el filme radica en el personaje interpretado por Peter Coyote, un oficial de la Casa Blanca que está a la caza del extraterrestre, y que representa una clara advertencia: “Te aceptamos como extranjero, pero no te pases de listo, acata nuestras reglas”.

Después de este éxito y de continuar su meteórica carrera, Spielberg decidió tomar un breve descanso, además de empezar a preparar el guión de la segunda película de Indiana Jones, y darse también un tiempo de espera para que su colega, George Lucas, se desocupara de los asuntos relacionados con El regreso del Jedi.

En 1984, la Guerra Fría había surcado el espacio con el proyecto Starwars, una red de satélites espías que el gobierno de Reagan puso en funcionamiento para observar no sólo a los comunistas, también a sus aliados y a Latinoamérica, donde la izquierda comenzaba a florecer, pero que fue rápidamente suprimida por operativos clandestinos de la Agencia Nacional de Inteligencia (CIA). 

Continuaba el temor en Estados Unidos de un posible ataque nuclear y sus posteriores y apocalípticas consecuencias. Afortunadamente, contaban con el auge de los videojuegos, en especial Pacman, y con el advenimiento de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, competencia en la que los norteamericanos serían amos y señores ante la negativa del bloque socialista para participar en la justa.

El capitalismo estaba en auge. Iniciaba la expansión mundial de franquicias norteamericanas como McDonalds, Burger King, Microsoft, Apple, Ford y otras tantas que buscaban afianzar el dominio de este sistema a nivel mundial. Aparte, el planeta era visitado por el Papa Juan Pablo II, quien también levantaba la voz en contra del socialismo. En el cine la tendencia de defender los valores de la democracia proseguía en todos los géneros. Así, en el campo de la ciencia ficción y la fantasía surgieron directores como James Cameron con Terminator, Joe Dante con Gremlins, Ivan Reitman con Cazafantasmas.

Spielberg decidió hacer un homenaje a la serie de la cual era fanático de niño, Dimensión desconocida, y con esto, recordar sus años mozos cuando Rod Serlling, el creador de este programa televisivo y de Galería Nocturna, le brindó sus primera gran oportunidad. Se estrenó entonces Dimensión desconocida: la película, en la que dirigió el tercer segmento, basado en una historia de Richard Matheson, el mismo autor de Duel.

Acompañado de sus colegas Joe Dante y John Landis, y del que sería su alumno, Robert Zemeckis, la película no recibió el éxito esperado, principalmente, porque el primer segmento retrataba a un antisemita, que en una taberna, se mostraba intolerante con judíos y negros, y por un giro del destino, termina en la época de la Segunda Guerra Mundial, convertido en judío, amenazado por los nazis. El tratamiento de este corto resultó morboso y exagerado, Spielberg y compañeros fueron tachados de simplistas, situación que marcó a Steven para el resto de su carrera, ya que de ahí en adelante intentó demostrar con sus películas causas más profundas que conducían a los individuos a la intolerancia.

Tras este fracaso, Spielberg regresó a la gloria de la mano de Lucas, quien para ese entonces comenzaba a desarrollar la industria de los efectos especiales a través de las computadoras. Indiana Jones y el templo de la perdición, nuevamente le dio ganancias millonarias pero recibió malas críticas. Aunque el filme no es malo, Spielberg inicia una época de contradicciones, debido a que el Dr. Jones vive una aventura en la India, y él llega como el elemento foráneo, que viene a cambiar y a salvar a los incivilizados hindúes, mientras que en E.T., el foráneo viene a acoplarse a la sociedad existente.

Además, Spielberg representa a los personajes hindúes de manera irrespetuosa, viviendo en una especie de salvajismo y todos hablando en inglés, con un marcado acento, situación que hace aparentar a los americanos como perfectos y los pobladores del resto del mundo como seres imperfectos, ya que según Steven, “ni hablar en inglés pueden”, como si fuera obligación del planeta entero conocer este idioma.

Igualmente, muestra un culto secreto de adoradores de la diosa Kahli, que son caníbales, y hasta se alimentan con sopas de ojo humano, situación inverosímil, ya que el culto a Kahli no tiene nada que ver con el canibalismo. Pero a Spielberg nada de eso le importó, ni siquiera los llamados de atención de George Lucas, quien tampoco es una autoridad moral en este aspecto, ya que en sus películas de La Guerras de las Galaxias, los protagonistas son siempre del tipo caucásico. La cinta fue prohibida en Nepal y en algunos poblados de la India, ante la ridiculización que se hacía de los nativos de estos países. Sin embargo, los hindúes lo tomaron con mayor humor, ya que ellos son expertos en filmar cualquier tipo de historia, no por nada son la industria cinematográfica más abundante del mundo. 

 

 

 

*Más de 20 años como periodista y comunicador en diversos medios: ABC Radio, Reforma, El Sol de México, Radio 13, Alcaldes de México, Referéndum, Mundo Express, La Afición,entre otros. Director General de CIO Noticias.tv.

 

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