Galería Quetzalli presenta “Fábulas de Esopo” del Maestro Francisco Toledo

“De Fábula”, por Guillermo Santos 

Esopo es un tumulto de hombres. Es, como Heráclito, un rumor; la consumación de un conjunto de historias y lugares remotos en algunas cuantas líneas notables e imperecederas. Como cualquier hombre de la antigüedad, como cualquier hombre, quedan fragmentos desperdigados en nuestra conciencia, tal como un conjunto de basamentos incrustados en la tierra de un “suelo común”, un suelo común que podríamos llamar “sabiduría popular”. Cada cierto tiempo alguien descubre esas piedras de significado, las oculta o las transforma en otra cosa; se las apropia o, sencillamente, las comparte. Wilhelm Nestlé -en su Historia del espíritu griego- ha escrito que “Esopo es una etiqueta colectiva para todo el tesoro fabulístico griego. El hecho de que la representación habitual de este maestro fuera la de un hombre feo y mal desarrollado, significa una ruptura con el viejo ideal aristocrático de la virilidad […]”. Es otro modo de decir que a Esopo se le ha atribuido un discurso de género menor (no sabemos hasta qué punto suscrito por Nestlé). Los escritos de Esopo manifiestan el poder de lo fantástico, e inmediatamente hay quien propone a estas narraciones como contrapunto a ciertos “valores racionales” (como cuando se refiere “lo apolíneo frente a lo dionisiaco” o “lo poético frente a dialéctico”).
   

En la descripción inexacta de la fisonomía de Esopo se advierte ya un rasgo que no es posible ignorar: Esopo es también una criatura fantástica, un ser cuya carga de sentido es como una proyección de la colectividad sobre aquello que la diversifica y enriquece. Hay quien imagina a Esopo como un ser salvaje, de aspecto indómito o como una mezcla entre hombre y animal. Al menos las imágenes que la historia ha sospechado de su rostro (el libro clásico la Vida de Esopo, de Maximus Planudes se ilustra con algunos retratos imaginarios) muestran ese rasgo de lo múltiple en la unidad de un mismo rostro.

Lo que no podemos negar es ese carácter “fantástico” que no deja de rodear a la figura Esopo. Prueba de ello, acaso, es la traducción de 47 de sus fábulas al náhuatl, encontradas en un manuscrito llamado Cantares mexicanos, un conjunto de escritos probablemente compilados por fray Bernardino de Sahagún, que data del siglo XVI y que contiene, entre otros, el Kalendario mexicano, la Divinatoria de los mexicanos o la Vida de San Bartolomé. Se sostiene que dicho conjunto de escritos poseía fines didácticos (pues es una colección bilingüe: latín/náhuatl) y que muy probablemente haya servido en las cátedras trilingües del Imperial Colegio de la Santa Cruz, en Santiago Tlatelolco, la primer institución educativa de nivel superior del Nuevo mundo instaurada por los conquistadores.

Francisco Toledo, que suele ser también un fabricante o un fabulador de objetos inusuales, ha sentido la necesidad de reconstruir algunas de las fábulas de Esopo y colaborar así con su mítica figura.

Para el pintor mexicano una narración no está completa si no coexiste con sus posibles imágenes, es esa su manera de crear un continuo de notas críticas, de notas al pie de página: la mirada de Toledo se ha posado lo mismo en la obra de Franz Kafka, de Jorge Luis Borges, que en la cosmogonía zapoteca, en las crónicas de Indias o en la mitología de Oriente. Así que la historia humana puede describirse como el despliegue de lo fantástico sobre un mundo cotidiano. ¿No es así como algunos fragmentos de la historia universal se nos presentan, a través del sentimiento de asombro que significa que una cultura se encuentre frente a otra, que un extraño se plante frente a otro? Para Toledo la literatura es un escenario de sugestiones infinitas, y no duda en añadir, coleccionar o inventar algunas más.

En ese sentido “pintar al hombre” es, para Francisco Toledo, escuchar sus poderosos relatos, colorear la radical imaginación de cualquier mitología o subrayar algunas líneas para que no se pierdan en el caótico mar del olvido.

Así pues, entre otros proyectos que se relacionan con este, Toledo ha insistido en traducir, junto a un grupo de especialistas para la editorial Cálamus, las fábulas a diversas variantes del zapoteco y mixteco (lenguas originarias del sur de México). Lo que simboliza precisamente la revuelta contra la indiferencia con que suele expandirse un tiempo de uniformidades y pérdida de diversidad en cualquier parte del mundo.

Si nos quedásemos únicamente con el relato de las fábulas de Esopo, sin las notas que suponen una moraleja, sin ese conjunto de palabras que muchos afirman fueron añadidos posteriores, probablemente no perderíamos la sabiduría que nos transmiten. A Francisco Toledo le interesa una lectura de Esopo sin que necesariamente suscriban una moral determinada. Para Toledo es más acertado decir que con cada pieza que concibe es capaz de inventar una naturaleza, un modo propio de ser. Algo que hemos visto continuamente en su trabajo es no sólo el representar ciertos especímenes sino el de inventar otros: insectos, animales e incluso plantas que jamás hemos divisado aparecen en su obra como si fuera ese su escenario natural.

En esta serie algunas imágenes funcionan en sentido contrario. El artista propone una escena y es el lector quien debe completar la narración. Sus grabados corren paralelos a los relatos, dialogan con ellos y proponen caminos alternativos. (Otro artista que ha sido influido por los trabajos del autor griego es Alexander Calder, que creó una serie de dibujos en su inconfundible estilo, lo que confirma la fascinación que ejercen continuamente a través de otras tradiciones).

Algunos cronistas de Indias admitían haber visto, en la “Casa de fieras” del emperador Moctezuma, entre otros animales de gran tamaño, algunos osos. En el trabajo del creador mexicano, dichas declaraciones no serían inusuales. A través de cada uno de sus trabajos, Toledo se ha propuesto revitalizar un bestiario de seres tan reales como fantásticos. En cierta forma, nos indica que nunca en la historia ha podido existir el hombre sin imaginación creadora. La invención que propone el artista es una forma de continuar con la memoria de la humanidad.

Autor: Shana

Actualmente el periodismo y los medios de comunicación están en constante cambio, en gran parte por las nuevas tecnologías. Por tal motivo, he creado shanafilms como un medio dedicado a acercar al público general una mirada profesional, crítica y entretenida a través del turismo, en cine, los videojuegos, el entretenimiento y estilo de vida, con contenidos originales.

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