El cine de terror atraviesa uno de sus mejores momentos en décadas. Entre nuevas franquicias, secuelas esperadas y fenómenos surgidos directamente de internet, el género vive una etapa de enorme popularidad. Producciones como Backrooms y Obsession han confirmado que la influencia de YouTube ya forma parte de Hollywood, mientras que películas como 28 Years Later: The Bone Temple, Send Help, Ready or Not 2: Here I Come, Resident Evil, Clayface y Evil Dead Burn mantienen la expectativa de los aficionados en niveles muy altos.
En medio de este panorama, una franquicia que durante años convirtió al terror en material de comedia ha decidido volver del descanso.
Trece años después de su última entrega, Scary Movie regresa con una nueva película que funciona al mismo tiempo como secuela, reinicio y homenaje a la saga que la convirtió en un fenómeno de la cultura popular. Y aunque el humor de la franquicia nunca ha sido para todos, esta nueva entrega demuestra que todavía entiende perfectamente cómo satirizar las tendencias más recientes del género.
La sexta película de la franquicia vuelve a centrar gran parte de su historia en el universo de Scream, particularmente en la versión estrenada en 2022.
Mientras Brenda y Shorty continúan rompiendo la cuarta pared y protagonizando situaciones absurdas, Cindy ha adoptado una vida completamente distinta. Convertida en una especie de superviviente obsesionada con prepararse para el peor escenario posible, vive convencida de que el regreso de Ghostface es inevitable.
En algunos momentos la similitud es tan evidente que la línea entre homenaje y copia parece difuminarse. Sin embargo, una vez superada esa etapa, la película abraza por completo el estilo caótico que convirtió a la franquicia en un éxito. Es entonces cuando aparecen los sketches más absurdos, las referencias más disparatadas y el humor sin filtros que los seguidores esperan encontrar.

Sus temores terminan haciéndose realidad cuando el icónico asesino vuelve a aparecer y pone en la mira a la nueva generación de personajes, incluyendo a los hijos de Cindy. Sin embargo, como es tradición en la saga, la historia principal sirve únicamente como excusa para disparar referencias hacia prácticamente cualquier película de terror reciente que haya dejado huella en la conversación popular.

Uno de los mayores atractivos de esta nueva entrega es la forma en que aborda algunos de los títulos más comentados de los últimos años. Películas como The Substance, Get Out, Sinners y Longlegs reciben su respectiva dosis de sátira, con resultados desiguales pero generalmente efectivos.
La parodia de The Substance destaca especialmente entre los momentos más inspirados de toda la película, mientras que otros segmentos funcionan más como guiños rápidos para quienes reconocen las referencias. La dirección de Michael Tiddes consigue reproducir con bastante fidelidad los estilos visuales de las producciones que parodia, permitiendo que varios de los chistes funcionen tanto por la situación como por la recreación estética.

No todos los segmentos tienen la misma efectividad, pero la película encuentra su mejor versión cuando deja de preocuparse por contar una historia coherente y simplemente se dedica a burlarse de todo lo que se cruza en su camino. Si algo ha mantenido viva a la franquicia durante más de dos décadas, es la química de sus protagonistas.
Anna Faris y Regina Hall vuelven a demostrar por qué siempre fueron el corazón de la saga. Gran parte de los mejores momentos recaen sobre ellas, gracias a una capacidad para llevar el absurdo al límite sin perder naturalidad. Marlon y Shawn Wayans también regresan aportando el tipo de humor que definió las primeras películas, aunque algunos de sus chistes terminan siendo más repetitivos que memorables.
La gran sorpresa llega de la mano de Olivia Rose Keegan, quien interpreta a la hija mayor de Cindy. Su actuación captura varios de los gestos y características que hicieron tan popular a Anna Faris dentro de la franquicia y aporta una energía fresca que ayuda a sostener la película cuando las referencias comienzan a acumularse.
La nueva Scary Movie no intenta reinventar la fórmula. De hecho, gran parte de su estrategia consiste precisamente en recuperar aquello que funcionó en las primeras entregas. Eso implica una avalancha constante de referencias, humor físico, rupturas de la cuarta pared y bromas dirigidas prácticamente a cualquier objetivo disponible.
Quizá no alcance el impacto cultural de las primeras entregas, pero sí logra algo que parecía complicado: demostrar que todavía existe espacio para una franquicia como Scary Movie en una industria donde el terror nunca había sido tan popular.