A ti te gusta mi sonrisa

Hola otra vez… Espero que estén bien de salud, han sido tiempos difíciles y eso no me excluye, pero por suerte nuestras decisiones nos traen de regreso a este espacio que es suyo, quiero agradecer su paciencia en especial la de Shana, que es un excelente pepe grillo para sus escritores, gracias a Miriam, Ariblue, Diana, Héctor, Val y a Angelica cuyos comentarios me sacaron una gran sonrisa hace poco, gracias por esperar a que regresáramos, manténganse a salvo en casa.

¿En qué me quede? Claro las consecuencias de mis decisiones y un helado con Estefanía que no para de provocarme pensamientos de todo tipo…

Estábamos en la última clase del martes. Nunca fui un excelente estudiante, para mí el pasar las materias era suficiente no importaba un 6 o un 10, prefería dedicar mi tiempo a otras cosas o aprender por mi cuenta, a decir verdad, esa tarde era un ejemplo claro del por que mis calificaciones nunca estaban en el cuadro de honor.

Arranque un pedazo de papel de la última hoja de mi cuaderno, miré por la ventana hacia un gran árbol que estaba justo delante de la biblioteca; era bastante frondoso y me preguntaba cuántas hojas podría tener, hasta que escribí un corto mensaje en el papel justo para después estirar mi mano hasta el lugar de Pamela, quien hoy estaba sentada a mi derecha y justo en frente de Estefanía, le susurre:

–pásalo a Estefanía por favor – Me miró extrañada y algo sorprendida, pero se lo pasó sin dudarlo.

Estefanía lo tomó, lo abrió, su cara hizo una extraña mueca mientras trataba de entender mi horrible letra.

“Recuerda que tienes un helado pendiente con un joven muy guapo” decía el papel, escribió algo en el mismo papel y se lo volvió a dar a Pamela, ella estiro su mano y lo puso en mi lugar, lo tome al instante.

–Luis, veo que esta muy entretenido entre la ventana y su compañerita, porque no nos lee ese papel a todos y después se retira a contar las hojas de la jacaranda que esta frente a la biblioteca—dijo el profesor mientras señalaba la puerta con su mano, empecé a guardar mis cosas cuando de nuevo su gruesa voz sonó en el salón.

–Sería una pena que usted se pudiera retirar antes que sus compañeros que sí están atendiendo a la clase, deje sus cosas, podrá regresar por ellas cuando termine la hora, ahora salga por favor—caminó hasta la puerta del salón y la abrió para mí, Sali mientras metía el papelito en mi bolsa sin que el profesor lo notara y miraba a Estefanía sonriendo.

–Estefanía ¿quiere salir usted también o puedo regresar a dar la clase? —  la puerta se cerró y no pude escuchar nada de lo que decían dentro así que seguí caminando, había empezado un libro hace poco así que sería buena oportunidad para buscarlo en la biblioteca y seguir leyéndolo.

Camine entre los pasillos de la biblioteca y tomé de entre dos ejemplares de lomo oscuro uno que destacaba en color blanco “En las montañas de la locura” se leía en una tipografía delgada y alargada era un libro no muy grueso alrededor de 200 páginas pero Lovecraft siempre ha sido garantía de calidad, así que me deje caer al frío glacial de su atmosfera hasta que me percate que la biblioteca estaba empezando a llenarse, lo que indicaba que la hora de clases había pasado, no me percate del timbre pero de pronto, una sensación fría me recorrió desde el cuello hasta el estómago, tome el papelito que Estefanía me dio, escribí en él y lo use para separar la página en donde me quedé, fui a pedir el libro prestado y salí corriendo a buscar mis cosas y a Estefanía.

Salí corriendo a toda prisa –Luis, ¿a dónde vas? —Escuche una voz cuando frene en seco, Marcelo cargaba mi mochila mientras que Estefanía se reía de mí, o de la cara de idiota que seguramente tenía en ese momento.

–Hola, corría a buscar mis cosas, no me di cuenta de que la hora había terminado—dije mientras retomaba el aliento y fulminaba con la mirada a Marcelo que no paraba de sonreír con una mueca burlona.

–Tiene 15 minutos que estamos aquí esperando a que aparecieras, empezaron a limpiar el salón y no quisimos dejar tus cosas, Estefanía pensó que tal vez las necesitarías después—dijo Marcelo burlonamente.

–Seguro que esperar no fue tan malo, Estefanía siempre tiene algo interesante que decir—Dije mientras le sonreía a Estefanía con una mezcla de culpa y confianza.

–Nos preguntamos dónde podrías estar—Dijo Estefanía mientras Marcelo asentía con la cabeza

–Estaba en la biblioteca matando el tiempo mientras terminaba la clase, ¿Ya te conto Marcelo acerca de Juliette? – La mirada de Marcelo me atravesó en seco mientras mi mejor sonrisa burlona se asomaba.

— No me dijo nada, cuéntame Marcelo ¿Quién es? — Estefanía preguntó con malicia en su voz mientras Marcelo se ponía rojo, estaba notablemente incómodo con la pregunta, quizá por que Estefanía es amiga de Pamela, y todo lo que escuchara llegaría a los oídos de Pamela, o quizá por que no le estaban saliendo tan bien las cosas con Juliette, como fuese yo estaba disfrutando de lo lindo.

–Es una amiga con la que hablo mucho desde hace unas semanas, no es gran cosa, y menos ahora que tenemos exámenes y poco tiempo para hablar, además no soy como Luis que cada que hablamos tiene un ligue nuevo— Marcelo sonrió, en un instante me había volcado toda la diversión y ahora la cara de Estefanía se giraba hacia mí con una mueca de diversión y una pizca de enojo, se veía tan guapa que no pude evitar sonrojarme un poco al verla.

–Estamos en exámenes Marcelo, obviamente yo tampoco tengo tiempo para conocer personas nuevas, y últimamente estoy muy interesado en una mujer muy guapa, quizá luego te cuente de ella—Clavé mis ojos en los de Estefanía mientras dibujaba una sonrisa traviesa en mi rostro misma que ella siguió en el suyo, entendió la indirecta, Marcelo lo noto y me dio mis cosas.

–Los dejo par de tortolos, tengo mucho que hacer y ustedes me embarran de miel—

–No se dé que hablas Marcelo—Dijo Estefanía rápidamente

–Así es el, siempre dice cosas que solo el entiende, pero por otro lado nosotros también tenemos que irnos ¿no crees? —la misma sonrisa de hace un momento seguía en mi rostro.

–Gracias por cuidar mis cosas Chelo, no sé qué haría sin ti—dije mientras le daba un abrazo para despedirnos.

–nada que tu no harías por mí, te llamo por la tarde—dijo Marcelo mientras se despedía de Estefanía con un beso en la mejilla y se fue silbando hacia el estacionamiento, Marcelo tenía coche, fue un regalo de cumpleaños de su padre, que desde el divorcio había sido más atento con Marcelo y algo mas esplendido con sus regalos.

Volteé a ver a Estefanía de arriba abajo mientras guardaba el libro en mi mochila, después le sonreí mientras con la mano la invitaba a caminar hacia la salida de la universidad.

–¿Por qué me miras así? – dijo extrañada pero feliz

–¿así cómo? — dije mientras la volví a mirar de la misma forma.

–¡así! De abajo hacia arriba como si me desnudaras – dijo mientras golpeaba mi hombro.

–quizá lo hago, quizá pienso en lo que escribiste en el papelito hace un rato— la respuesta en el papel que me dio era algo que se volvería típico en ella, decía “No lo sé, no es tan guapo”.

Se rio levemente– que tiene que ver eso con que me mires así—me dijo un poco más seria.

–Pienso que no importa que yo no sea tan guapo, tú eres suficiente guapa, cubres lo que a mí me pueda faltar ¿no crees? —se sonrojo mientras la sonrisa regresaba a su rostro, esta vez ella no esperaba la respuesta.

Llegamos a una pequeña cafetería no muy lejos de nuestras casas donde también había helado, la plática de camino al lugar fue muy tranquila, escuela, amigos y temas no tan relevantes  mezclados con algunos comentarios coquetos de mi parte y algunos comentarios para bajarme del pedestal de su parte, en general teníamos una chispa interesante un joven aventado y con la idea de <<no tengo nada que perder>> y una chica que pensaba <<este cree que puede conmigo>> pero en el fondo tanto ella como yo ya habíamos decidido que veríamos hasta donde llegaba esto.

— ¿Les ofrezco algo? —nos interrumpió una mesera de nombre Lisa cuando estábamos absortos en la plática, era linda y normalmente me atendía cuando visitaba esa cafetería para leer.

–Hola Lisa, si claro, nos prestas tu carta de postres, voy a pedir un café Estefanía, en este lugar es muy bueno, ¿quieres uno o alguna otra cosa en lo que decidimos que helados? – Le dije sonriendo a Estefanía, quien miraba de reojo a Lisa mientras pensaba.

–Me traes un frappé por favor—

— Perfecto, entonces el frappé para Estefanía y un americano para mí, gracias, Lisa — Lisa me sonrió amablemente y yo a ella, mientras Estefanía me miraba atenta.

— Que curioso, nunca te había visto tan amable—dijo burlona.

–Siempre soy amable, en especial con los meseros, cuando era mas joven trabajaba de medio tiempo como mesero y te sorprendería lo fácil que es que escupan en tu comida si eres grosero— ella rio.

–Trabajador el muchacho, y yo que pensé que solo te dedicabas a andar de coqueto— dijo, mi trato peculiar con Lisa no le agradó del todo, pero tampoco le dio tanta importancia (por ahora, la verdad es que con el tiempo deje esa cafetería como un espacio solo para mí porque Estefanía no soportaba a Lisa).

–No le hagas tanto caso a lo que te digan las malas lenguas, hay mucho más que ver en mi por ti misma, que lo que dirán por ahí, mejor dime ¿Qué hay de ti? —Dije mientras que estiraba mi mano para tomar la suya y ver las pulseras que tenía en la muñeca, ella me dejo.

— No mucho, soy una chica normal, con una vida normal, que intenta acabar su carrera como cualquier otra, pero podría decirte que soy muy observadora—dijo mirándome fijamente a los ojos, me gusto.

–yo creo que hay mucho más, ya lo iré descubriendo además ya escuche algunas cosas por ahí –

–¿cosas? ¿Cómo que cosas? — dijo sin quitar sus ojos de los míos.

Jale su muñeca hacia mí y de esa forma ella se inclinó mucho más cerca, quedando casi a la distancia justa para robarle un beso – me entere que a ti te gusta mi sonrisa, más que cualquier otra—bese su mejilla muy cerca de la comisura de sus labios y me aleje mientras ella se sonrojaba sorprendida de que lo hubiera hecho.

Lisa llegaba cargando una bandeja con dos cafés, — Un frappé para ti, azúcar y canela – le dijo amablemente a Estefanía – Café negro, solo, para ti– me dijo a mí.

–Me das un helado de queso con Zarzamoras—dijo Estefanía aprovechando a Lisa para hacer como si nada – yo quiero uno de nuez Lisa, y ¿nos puedes traer una rebanada de pastel de chocolate para compartir? —

–Si claro, ahora vuelvo—

–¿En que estábamos? —pregunte sonriendo como si nada.

–Me ibas a contar que estabas haciendo en la biblioteca—

–Leia un libro que empecé hace unos días, se llama “En las montañas de la locura”—

— ¿de qué trata? —

— es una historia de Lovecraft, no llevo mucho, pero es una expedición a unas montañas—

–puedo verlo—pregunto Estefanía señalando mi mochila

Saqué el libro con cuidado de no tirar el papelito que separaba la última hoja que leí de las demás y se lo di, ella lo miró, leyó la contraportada y lo puso a lado suyo, mientras Lisa llegaba con el helado y pastel.

–aquí tienen—dijo mientras nos dejaba los platos respectivamente y el pastel al centro de la pequeña mesa redonda.

–gracias, Lisa—Dijo Estefanía mientras miraba el pastel de chocolate, sin duda se veía delicioso.

 Las personas entraban y salían a la cafetería mientras nosotros platicamos, su color favorito era el rojo, “Camila” era su banda de música favorita, les gustan los perros, su comida favorita era el pastel de chocolate, y los chiles rellenos que su mamá le preparaba, quería ser abogada o bióloga, aún no decidía, había trabajado como mesera y en una tienda de ropa cuando era menor, era una chica mucho más fresa que yo, y en general era dulce con un aroma suave y frutal, yo la miraba como si fuera lo único existente en ese momento y reía con ella cuando decía algo gracioso o cuando la hacía reír al interrumpirla para bromear.

Me gusto, ella en general me gusto y no solo su físico con forme más hablábamos más ganas tenía de estar más cerca de ella, de repente su teléfono sonó, lo sacó de su mochila y la sonrisa se esfumo cuando vio quien llamaba.

–Bueno…. Hola Edgar, si… pero…. Ok, voy para allá. —colgó,

–lo siento me tengo que ir, mi hermano está afuera esperándome en su coche—

–no te puedes quedar, yo te acompaño en un rato—dije mientras la sonrisa en su cara desaparecía.

–No, es mejor que me vaya— Levanto mi libro para entregarlo mientras el papel de la clase se caía a la mesa.

“La única guapa puedes ser tú, mientras nos veamos esta tarde” decía con mi letra torcida. Ella sonrió, se acercó y me beso justo tan cerca de mis labios como yo la había besado antes. –Nos vemos después Luis—Dijo mientras desaparecía por el umbral brillante de la puerta.

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