La edición número 23 de los Juegos Olímpicos (JO) de Invierno ha iniciado en Pyeongchang, Corea del Sur, superando problemas políticos con Corea del Norte, ya que incluso, en señal de buena voluntad, ambas naciones desfilaron como una sola en la Ceremonia de Inauguración, desestimando por el momento la tensión entre las Coreas, luego de que el año pasado, el régimen norteño de Kim Jong-un, realizara varias pruebas nucleares que convulsionaron al mundo. Afortunadamente, la paz olímpica logró una vez más su misión, promoviendo un acercamiento para permitir que la razón impere.

Por Daniel Flores
Justo ese tipo de valores han sido retratados en el Séptimo Arte, los tocantes al deseo humano de hallar un momento de regocijo, esperanza y búsqueda de triunfo, ya sea más alto, más rápido o más fuerte. Si bien los JO de Invierno no cuentan con la atención global, debido a que no en casi todos los países se practican deportes como el esquí, el patinaje o el hockey, principalmente, por la ausencia de nieve, el cine se ha dado a la tarea de mostrar al público historias de diversos rangos en materia olímpica.
Sin duda, el filme más representativo sobre la justa invernal es «Jamaica bajo cero» (1993), una comedia hollywoodense sin mucho brillo, que sin embargo se ha convertido en cinta de culto. Bajo la dirección de Jon Turteltaub, el filme narra la historia «basada en la vida real» de cinco hombres de color, nativos de Jamaica, quienes sueñan con intervenir en los JO, ¡pero de verano!, lamentablemente para ellos, su única oportunidad se da en la versión gélida del certamen en Calgary, Canadá (1988), en el que participan en la prueba de bobsled, una especie de trineo para cuatro, que desciende fugaz por un medio túnel hasta la meta.
Con la intervención del ya fallecido comediante, John Candy, estos competidores harán lo imposible para ofrecer una digna representación, la cual, por cierto, consiguieron realmente, ya que por momentos durante el descenso cronometraron óptimos tiempos, tristemente… ¡tendrán que verla para saber cómo acaba! La película obtuvo buenas críticas y mejor aún, ingresó más de 150 millones de billetes verdes contra los 15 millones que costó.
En el mismo tono de «comedia-superación personal», se estrenó hace un par de años, «Eddie The Eagle», otra «biopic», ésta, sobre Eddie Edwards, quien desde niño superó la pobreza, sus malas condiciones físicas y su renuente familia, para asistir a unos Juegos Olímpicos. Al igual que le sucede a los jamaicanos, este británico sólo tiene la posibilidad de convertirse en atleta olímpico invernal, en la prueba de salto con esquí, misma a la que califica de «panzazo», también para Calgary 1988. A pesar de una pobre actuación en la contienda, este inglés se ganó el corazón del público por su tenacidad y audacia. Dirige Dexter Fletcher con las nada despreciables actuaciones de Taron Egerton y Hugh Jackman.
Por su parte, en este 2018 llegó a las salas mexicanas, «Molly’s Game», con la actuación de la guapísima, Jessica Chastain, encarnado la «biopic» de Molly Bloom, una ex campeona norteamericana de esquí alpino, que debido a una lesión sufre un cambio vertiginoso en su vida, pasando de ser una potencial medallista olímpica a la reina del póquer clandestino en la Unión Americana. Si bien el filme dirigido por Aaron Sorkin no es sobre JO, su protagonista estuvo cerca de paladear la gloria deportiva.
Pero sin duda, la mejor película sobre JO de Invierno es «El milagro» (2004), dirigida por Gavin O’Connor y estelarizada por Kurt Russell. En ésta, se cuenta la historia verídica del equipo de hockey varonil de los Estados Unidos, que en plena Guerra Fría, superó en el certamen llevado a cabo en Lake Placid, Nueva York, en 1980, al combinado de la Unión Soviética por 4-3. En aquella época, los soviéticos eran una aplanadora en el rudo deporte en patines, casi invencibles, hasta que se toparon en la ronda final de aquel evento con unos norteamericanos de extracción universitaria, empujados por su público para lograr una de las más grandes hazañas de todos los tiempos. Russell da vida al coach, Herb Brooks, quien comandó a ese equipo a la gloria. Claro, hay que aguantarse el vil patrioterismo del filme, que en todo momento ensalza a la Unión Americana como un bastión de esperanza para el mundo. Pero fuera de eso es una producción más que aceptable.
Próxima a estrenarse en México, sobresale «Yo, Tonya», otra «biopic», en torno a la polémica patinadora artística, Tonya Harding (encarnada por Margot Robbie), cuyo ex esposo trató de «ayudarla», enviando a alguien a lesionar a Nancy Kerrigan, la máxima rival de Tonya para conquistar el boleto a los Juegos de Lillehammer 1994. Según el filme de Craig Gillespie, la Harding no sabía del complot contra Kerrigan, aunque su azarosa vida y la compleja relación con su dominante madre (interpretada magistralmente por Allison Janney), dejan de manifiesto una existencia plagada de violencia que dio como resultado relaciones convulsas con todo lo que rodeaba a Tonya.
A final de cuentas, Kerrigan y Harding asistieron a la justa invernal en Noruega, pero ambas padecieron una sobre-exposición mediática en torno al enfrentamiento en la modalidad de patinaje artístico que sacaría chispas en aquel 1994. Tanta distracción envió al octavo lugar olímpico a Tonya y al segundo puesto a Nancy, siendo doblegada por la ucraniana, Oksana Baiul, cuya vida y lucha contra el alcoholismo bien podrían ser motivo de un filme.
Mención aparte merece la que fuera campeona olímpica de la antigua Alemania Oriental, Katarina Witt, ganadora del oro en los Juegos de Sarajevo 1984 y Calgary 1988, cuya belleza le valió aparecer en filmes como «Jerry Maguire» y «Ronin». Sin embargo, su vida real resultó más excitante de lo esperado como figura deportiva, ya que en los ochenta, en plena Guerra Fría se rumoró que Witt pudo ser una espía del bloque comunista, quien gracias a sus constantes viajes a Occidente, tenía la facilidad de relacionarse con potentados y personalidades influyentes del bloque capitalista. Hoy en día nada se le ha comprobado, salvo que, tras la caída del Muro de Berlín, se revelaron los costosos obsequios que la ya extinta Alemania Oriental le daba a Witt con tal de que no desertara, y para que, tal vez, fungiera como una hermosa espía, situación nada despreciable para una cinta.

Recuerdo haber visto «Jamaica bajo cero» en el cine y de vez en cuando la pasan por la televisión
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