Un paso a la vez

Quiero entender esa sonrisa tuya.

¿Alguna vez se han sentado junto a una ventana a disfrutar el caer de la lluvia? Esa sensación fría que atraviesa los cristales y hace que tu mente empiece a viajar, esa sensación que invita a un café (un ron en mi caso), a una larga charla, es justo la que me invade en este momento, escucho la lluvia caer y veo como los vuelos se retrasan cada vez más, estoy en un aeropuerto en Centroamérica,  detrás mío una hermosa mujer de cabello oscuro deja su café mientras habla por teléfono con quien parece ser su novio; discuten con un encantador acento.

 A mi derecha un grupo de adolescentes hablan sobre su viaje a México, les emociona conocer Cancún y quieren tomar un tren de “esos que te llevan por todo el lugar tomando tequila” se llevaran una sorpresa cuando descubran que Cancún no es Jalisco, pero aun así seguro encontraran mucho tequila.

Hay algo en el acento de las personas de este país que me transmite alegría, y debo admitir que las mujeres tienen una mirada que provoca verlas fijamente, la sonrisa me traiciona y muchas veces descubro una sonrisa de vuelta en ellas, lastima que solo vine de entrada por salida, seria divertido ver que mas puedo conseguir sonriendo. Prometo regresar.

La sonrisa, desde que tengo memoria es una de las armas de convencimiento más poderosas que conozco, recuerdo sonreírle a la que fuera mi nana cuando era un mocoso con tal de que me diera dulces, recuerdo usarla con Izamar para conseguir las tareas en la secundaria, robar un beso de Laura en la preparatoria después de sonreírle para que no entrara a las clases y se fuera conmigo de pinta. La sonrisa es la moneda de cambio más efectiva; incrementa su valor cuando se combina con el deseo.

No conozco a nadie capaz de resistirse a una sonrisa de la persona que le roba el aliento y eso me incluye a mí.

El taxi avanzaba entre las calles de la ciudad para llegar a metro potrero y la lluvia caía con furia haciendo cada vez mas intransitable la ciudad, llevábamos alrededor de media hora en él auto y apenas habíamos logrado avanzar lo que seria un trayecto de 10 minutos, Estefanía empezaba a notarse impaciente y la charla sobre “un saco de huesos” había llegado a su fin; ahora había tornado la conversación sobre ella, quería tener la mayor cantidad de información de ella para saber que pasos seguir en el futuro, estaba seguro de una cosa en ese momento, quería un beso y mucho mas de ella, su cuerpo me provocaba y deseaba conocerlo sin dejar un solo espacio en blanco; cualquier información que me acercara a eso era importante.

—   El año pasado no te vi en la escuela, ¿te cambiaste desde otro campus o decidiste aparecer a alegrarme los días solo porque sí? – le dije mientras ella estaba observando la lluvia y el tráfico que parecía devorarnos.

— Es una larga historia, quede fuera de reglamento un año y estuve lejos de la escuela trabajando – mientras respondía note que su mirada cambio un poco, quedarse un año fuera significaba que había reprobado varias materias y que no podía ingresar al semestre hasta que no pasara un año y pudiera repetirlas.  Después me enteraría que ese año fue uno muy malo para ella.

— “Las malas lenguas “no me dijeron nada al respecto, debí investigar mas sobre usted señorita – traté de regresar un poco de humor a la charla y no dejar de coquetearle de por medio; por suerte se rio un poco.

— ellas no saben nada, lo que quieras saber de mi pregúntamelo y yo veré si te contesto o no – sonrió al terminar de hablar, y esa sonrisa me desarmo por un momento.

–ya tendré tiempo de irte preguntando más cosas, quizá en un café y con algo dulce para acompañar – lance un anzuelo,

— buen intento Luis, pero entonces te quedaras con dudas, no tengo mucho tiempo para salidas al café – me trague mi orgullo, no me daría por vencido tan rápido.

— ¿Cuál intento? Uno no invita a salir a una mujer como tú, con algo así de sencillo, y menos sin conocerla bien, soy un jovencito de casa que no sale con cualquiera – dije mientras la lluvia paraba.

— tu no eres un jovencito de casa, y yo no soy una cualquiera – dijo en tono cortante, su mirada denotaba impaciencia.

–no te dije que fueras cualquiera, todo lo contrario, pero creo que solo te fijas en lo malo, “las malas lenguas” me han dado muy mala fama – dije al tiempo que bajaba la ventana para sacar la mano y comprobar la lluvia.

–¿Qué te parece si caminamos un poco? La lluvia casi ha parado y un poco de aire fresco nos vendría bien–.

 –bien, te daré un segundo intento, el olor de la lluvia y el suelo mojado me gusta – sonrió de la misma manera que hace un momento, esta vez me pareció mas un coqueteo, pero no estaba seguro, ¿me estaría tomando el pelo o realmente me estaría coqueteando?

Bajamos del taxi y caminamos por las escaleras del metro hasta cruzar del otro lado de la avenida, caminamos en silencio, había demasiadas personas para poder ir uno de lado del otro. Una vez cruzamos me coloque de lado izquierdo de ella dejándola del lado mas alejado de la calle y junto a la pared de las casas que empezaron a pasar una tras otra detrás nuestro. Platicamos un poco sobre la zona, el clima y la escuela hasta que decidí dar el primer paso.

–Estefanía, hay algo en tu sonrisa que no entiendo – la mire a los ojos un instante y ella me regreso la mirada sorprendida de lo que había dicho.

— ¿qué tiene mi sonrisa? – me dijo sonriendo, estaba jugando conmigo.

— Es una incógnita; no la entiendo, necesito que me sonrías mucho más para empezar a entenderla – dije esto y la voltee a ver sonriendo, no sé de dónde saque lo último, pero era cierto que quería verla sonreír otro poco; y por suerte así fue.

— de donde se te ocurren esas cosas, además; ¿Para qué quieres entenderla? – algo brillo en sus ojos, fue como una pequeña chispa de calor.

–solo se me ocurren, en especial cuando quiero hacerte sonreír, por eso quiero entender esa sonrisa tuya, así podre provocarla – mi mirada fue fija y directa a sus ojos color miel.

–entonces; ¿me haces sonreír solo para verme y no para hacerme feliz? Eso es algo egoísta ¿no crees? – dijo riendo, ya se había relajado, el caminar un poco estaba funcionando.

— ¡Soy un egoísta! – le dije en tono cínico y con una risita burlona

— Si tu vieras tu sonrisa como yo la veo estoy seguro de que también lo serias – tome su mano para cruzar la calle, ella no esperaba eso, e incluso se sonrojo cuando lo hice.

Sin darnos cuenta las calles pasaron tras nosotros una a una mientras la lluvia que en ese momento había parado regreso con unas tímidas gotas, ella caminaba con soltura, sin duda estaba cómoda mientras hablábamos y nuestro paso no rápido, ambos queríamos alargar la plática un poco más. De un instante a otro la lluvia empezó a caer con más fuerza, la suficiente para que arruinara el momento y el frio empezó a calarnos a ambos.

 Me percate que cruzo sus brazos y no dude en sacar un suéter de mi mochila dárselo – Ten, póntelo, no es muy caliente, pero te cubrirá de la lluvia – extendí el brazo con el suéter en la mano.

–no, póntelo tú, ya no falta mucho para mi casa y tu aun tienes que llegar a la tuya. – hizo un gesto de rechazo con su mano, pero yo insistí.

— póntelo Estefanía, tu tienes frio y yo te invite a caminar, si quieres puedes regresarme otra sonrisa y estaremos a mano – tome su mochila de su hombro y le volví a extender la mano con el suéter, ella lo tomo y se lo puso. El suéter le quedaba grande, pero sin duda se veía preciosa con él, parecía una especie de pijama negra con una ralla blanca que lo atravesaba de lado a lado justo en el pecho, las mangas le cubrían casi toda la mano, era bastante tierno, pero no pude evitar pensar “como le quedara el suéter y nada más debajo”

Me agradeció el gesto y me regreso al momento de golpe, apresuramos el paso, casi corrimos las ultimas dos cuadras hasta que llegamos frente a una casa blanca de dos pisos, el portón era del mismo color y reconocí el Ford Fiesta gris estacionado frente a la casa.

El portal de su casa nos cubría de la lluvia, ella saco las llaves de su mochila y abrió una reja y después una puerta; entro y bajo su mochila para después voltear y quedar frente a mí, empezó a quitarse el suéter.

–No te lo quites, me lo das otro día – le dije mientras suavemente tomaba su brazo indicando que parara.

— ¿seguro? – su rostro tenia un gesto suave y agradecido.

— sí, ya está mojado, así que no me serviría de nada, además me gusta como te ves con el – sonreí de manera coqueta, tenia la esperanza de poder robarle un beso, pero solo era eso, una vaga esperanza.

— lo lavare y te lo doy en la escuela, ¿aun estas lejos de tu casa? – su mirada cambio, ahora era una preocupación sincera.

— debo regresar algunas cuadras y después girar y caminar algunas mas a la derecha, no es tan lejos –.

— debiste desviarte antes, no tenias que acompañarme hasta mi casa Luis – mama regañona remplazo a Estefanía cuando decía esto.

— uno hace muchas cosas que quiere, aunque no deba, además un Jovencito de casa no dejaría a una mujer caminar sola bajo la lluvia – ella extendió su mano y me miro con una mezcla de reproche y dulzura.

— préstame tu móvil – sin dudarlo le di mi celular y ella procedió a marcar al suyo.

— ya tienes mi número, ve a casa antes de que empeoré la lluvia o empiece a oscurecer y por favor, avísame cuando llegues – asentí sin dudarlo, ella me regreso mi móvil mientras que el ruido de una puerta sonó arriba, a su derecha unas escaleras se alzaban y daban hacia otra puerta; la voz de una mujer se escuchó mientras decía –¿eres tu Estefanía? –.

— ¡si mama, soy yo! – contesto apurada, giro la cabeza hacia mi y se acerco hasta darme un beso en la mejilla.

— tengo que irme, gracias por acompañarme.

Yo retrocedí y ella desaparecio tras la reja y la puerta de su casa, escuché que hablaba con su madre, me di la vuelta dispuesto a disfrutar la lluvia de camino a casa.

Llegue empapado, y el frio me calaba hasta los huesos, subí las escaleras a mi habitación y tome una toalla, baje al baño y me di una larga ducha con agua caliente, mientras el agua caliente recorría mi espalda, repasaba mentalmente cada detalle de la platica con Estefanía, El recuerdo de su sonrisa me hacia sonreír al instante y esa sensación de querer verla me invadía solo para que yo la alejara unos momentos después pensando “pies de plomo Luis”.

Después del baño y de vestirme con unos pantalones deportivos y una playera blanca bajé a la cocina y me preparaba algo para cenar, había dejado mi celular junto a mis llaves en una mesa de centro junto a la puerta del pequeño departamento donde vivía, una luz parpadeo, levante el celular y vi que tenia dos mensajes sin leer.

El primero decía “¿Llegaste bien Luis?, soy Estefanía” sonreí.

El segundo era un poco más largo “Luis ya es tarde, te dije que me avisaras, ¿estas bien? Si no quieres hablar porque estas molesto dímelo”

Sonreí, no tenía un solo motivo para estar molesto, pero que se preocupara de esa forma me gusto;

“llegue directo a bañarme, disculpa. Y no estoy molesto, todo lo contrario, quiero hablarte incluso más ahora 😉 “

Mande el mensaje y subí a mi recamara, el celular vibro, era un mensaje de Estefanía,

Un mensaje que quiza les contare la semana siguiente, debo abordar mi avión y la batería de mi laptop esta está por terminar ¿Qué creen que ella pudo mandar en ese ultimo mensaje?

3 comments on “Quiero entender esa sonrisa tuya.

  1. Que bonita historia !!

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  2. Gracias 🙂 !!!!

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  3. Muy romántico

    Le gusta a 1 persona

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