Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba es conocido por sus profundas y desgarradoras historias de origen, especialmente las de los Hashiras, los pilares de la fuerza en el Cuerpo de Cazadores de Demonios. Entre estos personajes, uno de los más fascinantes es sin duda el Hashira de Piedra, Gyomei Himejima, cuya historia de fondo se revela con conmovedora profundidad en el episodio 7 del arco de entrenamiento de Hashira.

La personalidad de Himejima es una mezcla intrigante de sensibilidad y dureza. Esta dualidad tiene raíces en su trágica historia de vida. Gyomei, quien solía vivir en un templo cuidando a nueve niños huérfanos, fue traicionado por uno de ellos. Este acto de traición no solo cambió su vida, sino que también afectó profundamente su carácter.
La revelación de que el niño que traicionó a Gyomei es Kaigaku, el otro discípulo del ex Hashira del Trueno, Jigoro Kuwajima, quien también entrenó a Zenitsu Agatsuma, añade una capa extra de complejidad a la historia. Kaigaku, después de ser regañado por los otros niños por robar dinero del templo, hizo un pacto con un demonio, sacrificando a sus compañeros para salvarse. Este giro fue confirmado en un extra del volumen 17 del manga, destacando la conexión entre Kaigaku y Zenitsu.
La traición de Kaigaku tuvo un impacto devastador en Himejima. Su ceguera le impidió darse cuenta de la ausencia de Kaigaku y fue engañado por los otros niños, quienes le dijeron que Kaigaku solo estaba durmiendo. El conocimiento de la traición llegó demasiado tarde, y Himejima fue culpado por las muertes de los niños debido a su declaración a la policía. Este evento dejó una cicatriz emocional profunda en Himejima, erosionando su confianza en los demás y moldeando su deseo de matar demonios.
Kaigaku y Zenitsu, ambos entrenados por Jigoro Kuwajima, compartieron una relación tensa. Kaigaku despreciaba a Zenitsu, considerándolo indigno de recibir entrenamiento. A pesar del maltrato, Zenitsu respetaba profundamente a Kaigaku, lo que afectó negativamente su confianza en sí mismo.
La bondad innata de Himejima contrastaba con su apariencia imponente. Solía sacrificar su propio bienestar por el de los niños que cuidaba. La traición de Kaigaku y las palabras de Sayo, una de las niñas sobrevivientes, dañaron su confianza en la humanidad. Himejima comenzó a creer que los débiles son egoístas y mentirosos, lo que lo llevó a desconfiar incluso de aquellos a quienes protegía, como Tanjiro.
Gyomei Himejima es uno de los personajes más complejos y emocionalmente profundos de Demon Slayer. Su trágica historia de fondo, marcada por la traición y la pérdida, lo convierte en una figura fascinante y multifacética. La conexión de su pasado con personajes principales como Zenitsu resalta la maestría narrativa de Koyoharu Gotouge, quien ha creado un universo rico en historias conmovedoras y personajes memorables.
La vida de Himejima, marcada por el sacrificio y la traición, no solo explica su fuerza física, sino también su fortaleza emocional y su inquebrantable determinación para erradicar a los demonios. Esta complejidad lo convierte en uno de los pilares más interesantes y profundos de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba.


