El regreso de Daniel Day-Lewis a la actuación es la clase de evento que genera una expectativa enorme en el mundo del cine. Si a eso le sumamos la presencia del gran Sean Bean y que la película es dirigida por su propio hijo, Ronan Day-Lewis, es imposible no esperar algo especial. «Anemone» es el resultado: un drama familiar sobre las heridas del pasado irlandés, cargado de una fuerza visual impresionante, pero que se ve frenado por una ambición que no logra aterrizar en una historia sólida. Es, ante todo, una demostración del talento descomunal de su protagonista, quien brilla con luz propia en una película que no siempre sabe cómo seguirle el paso.

La historia nos lleva a un rincón de Irlanda años después del conflicto armado conocido como «The Troubles». Allí, Jem (Sean Bean) busca a su hermano Ray (Daniel Day-Lewis), un hombre que vive aislado y consumido por la violencia de su pasado. La misión de Jem es intentar reconectarlo con su familia, especialmente con su hijo biológico, Brian, un joven que parece destinado a repetir los mismos errores. El escenario está puesto para un choque de emociones, culpas y lazos familiares rotos que deben ser explorados.
El corazón de la película, sin duda, son las actuaciones, pero es un corazón que late a un ritmo desigual. Daniel Day-Lewis realiza una gran actuación; su personaje es una fuerza de la naturaleza, un hombre roto cuya furia y dolor se sienten en cada gesto. Su actuación es tan poderosa que domina por completo la pantalla. Sin embargo, el guion le da tanto espacio que acaba por eclipsar a todos los demás. Sean Bean, un actor igual de talentoso, queda reducido a ser un simple espectador. Su personaje apenas habla y se limita a escuchar los largos y repetitivos discursos de su hermano, lo que se siente como un gran desperdicio. La película se convierte en un monólogo impresionante, cuando lo que necesitaba era un verdadero diálogo entre sus personajes.
A nivel de dirección, Ronan Day-Lewis tiene una fuerza visual innegable. La película se ve increíble, con una atmósfera oscura y paisajes que imponen. El problema es que este estilo tan cuidado no siempre parece estar al servicio de la historia. Hay escenas visualmente muy poderosas, casi surreales, que intentan reflejar el caos mental de Ray, pero se sienten desconectadas del resto y no ayudan a que la trama avance. Es como ver un conjunto de escenas impactantes que no terminan de formar una película cohesiva, priorizando el adorno visual sobre el desarrollo de la historia.
Al final, «Anemone» es una película de contradicciones. Es obligatoria para cualquiera que admire el trabajo de Daniel Day-Lewis, pues su actuación es una de esas que se quedan grabadas. Sin embargo, como película, es una experiencia frustrante. Es un debut interesante y con momentos de genialidad, pero que deja la sensación de que, con un guion más equilibrado, pudo haber sido algo mucho más grande.
