El cine ruso se ha edificado en la mente maestra de grandes genios, como Sergei M. Eisenstein y Andrei Tarkovsky, cuyas obras van más allá del Séptimo Arte, ya que han motivado largas reflexiones, intensos debates, prominentes homenajes, admiración global, estudios académicos y un sinfín de cavilaciones alrededor de semejante cultura.
Por Daniel Flores Chávez
Si bien, la cinematografía rusa ha optado por ofrecer historias emblemáticas en el rubro de la ciencia ficción, también ha desarrollado una estética propia en torno al subgénero fantástico, con tramas sobre vampiros, súper seres o vehículos diseñados para combatir al mal. Sin embargo, el recurrente tema del «hard sci-fi», ha sido el más venerado por el mundo entero.
Entre los grandes creadores rusos en esta materia, sobresale Andrei Tarkovsky, con cintas del calibre de «Solaris» (1972) y «Stalker» (1979), ambas, rozando la excelencia, en torno a la búsqueda de lo que hace al humano un ser complejo, que apenas y comprende una mínima porción de su naturaleza. Igualmente, Konstantin Lopushanskiy presentó en 1986 una asfixiante y agónica película que dejó pasmado al público, «Cartas de un hombre muerto», sobre un grupo de sobrevivientes al holocausto nuclear y la esperanza de un viejo científico por lograr que la humanidad renazca.
Lopushanskiy, en 1989, estrenó también el interesante filme, «Posetitel muzeya», con una historia que mezcla, igualmente, la ciencia ficción con esta incansable pesquisa de una razón para la subsistencia de lo que nos hace humanos. Aquí, en un nuevo futuro, poblado por mutantes, un hombre anhela hallar un misterioso museo, al cual sólo se puede acceder cuando la marea está baja y que resguarda un temible secreto.
Aparte de dichos ejemplos, la fantasía también ha dado de que hablar para el cine ruso, no tan agradablemente como la ciencia ficción, de hecho, los intentos de estas producciones para tratar de conquistar el cine comercial, se han quedado en buenas ideas, pero nunca han impactado colosalmente, a pesar de esfuerzos como «Guardianes» (2017).

Si bien «Guardianes» causó furor en la Madre Rusia, a nivel mundial se le ha equiparado con una cinta de súper héroes de Marvel, pero con varias deficiencias. El director, Sarik Andreasyan, recurrió a clichés, copias descaradas de escenas ni siquiera tan clásicas de este tipo de películas. El grupo de protagonistas, cuatro paladines, producto de la Guerra Fría, se asemeja demasiado a los «Cuatro Fantásticos», incluyendo a un hombre de roca, tipo la «Mole» y a una mujer invisible, tan rubia como «Sue Storm» (la del cómic, no la que encarnó Jessica Alba en 2005 y 2007).
El villano, «Kuratov», por momentos (demasiados) es un «homenaje» al «Doctor Octopus» de «Spider-Man 2», mientras que, hasta DC Comics tiene su propia «remembranza», cuando «Kuratov», cual «Bane», levanta a uno de los héroes, para golpearlo en la columna vertebral con la rodilla.
Pero «Guardianes» no es el único intento comercial ruso por conquistar a la audiencia. En 2004, el realizador, Timur Bekmambetov, fascinó con «Vigilantes de la noche», una épica historia, entre las fuerzas de la luz y la oscuridad, en pleno Moscú moderno. Si bien el filme recibió buenas críticas, la secuela, «Vigilantes del Día» (2006), fue desafortunada en taquilla, principalmente, porque la continuidad era dispareja y confusa. Sin embargo, Bekmambetov, llamó la atención de Hollywood, que lo puso al frente de éxitos como «Se busca» (2008) con Angelina Jolie y James McAvoy, al igual que «Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros» (2012).
El propio Bekmambetov, produjo en 2009, una joyita rusa de acción, en torno a un joven universitario, quien recibe un curioso auto, llamado, «Rayo Negro», el cual, es una sofisticada máquina encubierta en un destartalado Volga. Así, humano y vehículo, tratarán de librar a Moscú de un multimillonario egocéntrico, tipo «Lex Luthor». La cinta fue dirigida por Dmitriy Kiselev y Aleksandr Voytinskiy, con un presupuesto de 15 millones de dólares, generando en taquilla 21 millones.
Este mismo año (2017), en aquella súper potencia, se estrenó su propia versión de la saga de «Los Juegos del Hambre», titulada, «Dance to death», sólo que en lugar de liberar chavitos para que se maten entre sí, las fuerzas policiales de un Moscú pos-apocalíptico, capturan jóvenes para que bailen hasta la muerte, en pos de que cada uno de estos liberé energía vital para el mantenimiento de la ruinosa ciudad. Al final sólo uno vivirá. Evidentemente, hay un trío romántico, que se debatirá entre la lealtad o la sobrevivencia.
Recientemente, a México, además de «Guardianes», llegó un interesante filme de horror, «La novia», bajo la dirección de Svyatoslav Podgayevskiy, que por lo menos manifiesta en pantalla la macabra tradición de algunas ciudades rusas, de retratar a sus difuntos en poses como si aún estuvieran vivos.



