Por Shana Hazuki
Este artículo fue elaborado con base en una entrevista realizada al director Alejandro Andrade Pease.
En una sociedad donde el machismo se sigue ocultando detrás de la tradición y el privilegio, Hombres Íntegros llega como una película necesaria, íntima y profundamente conmovedora. Dirigida por Alejandro Andrade Pease, esta historia, inspirada en experiencias personales del propio cineasta, se sumerge en la presión social que enfrentan los hombres jóvenes en entornos conservadores, y lo hace con una sensibilidad poco común en el cine mexicano.
Conversar con Andrade es entender que su impulso no fue simplemente narrativo, sino emocional y urgente. “La idea nació de mis propios años en un colegio privado, en donde conviví con compañeros que parecían tenerlo todo, pero vivían profundamente reprimidos”, compartió. Esa contradicción entre éxito social y vacío emocional se convirtió en el corazón del filme.
Hombres Íntegros no solo retrata el conflicto de la homosexualidad como un tabú, sino que lo articula dentro de un sistema mayor de represión masculina. “Nos enseñaron a no llorar, a no mostrar ternura, a competir. Esa rigidez destruye”, afirmó el director durante nuestra charla. Su intención fue visibilizar un tipo de dolor que pocas veces se pone en pantalla con honestidad: el de los hombres que no saben cómo sentirse, ni con quién hablarlo.
La historia de Alf, el protagonista, encarna estas contradicciones. Su necesidad de encajar, de sobrevivir a un sistema que premia la dureza y castiga la vulnerabilidad, lo lleva a tomar decisiones que duelen. El director no justifica, pero sí explica. La violencia emocional, como él mismo lo dijo, “es una olla de presión que acaba explotando”. En el contexto del México actual, donde aún persiste la idea de que el poder masculino es invulnerable, la película resulta tanto un reflejo como una advertencia.
Durante nuestra conversación, le compartí a Andrade que uno de los aspectos que más me conmovió fue cómo logra abordar la homosexualidad masculina sin morbo ni dramatismo excesivo. “Queríamos que se sintiera real. Alf no es un estereotipo, es un chico que no sabe cómo manejar lo que siente, y eso, aunque sea doloroso, también es humano”, respondió. Esa humanidad se refleja en cada encuadre, en cada silencio.
Hombres Íntegros no pretende dar respuestas, pero sí abrir preguntas. ¿Qué significa ser hombre en una cultura que aún asocia la masculinidad con la represión emocional? ¿Cuántos Alf hay, hoy, en escuelas, hogares o gobiernos? ¿Y cuántos Armandos —ese amigo que sí se atrevió a vivir su verdad— quedan silenciados por el miedo?
Alejandro Andrade cree que aún hay mucho por hacer. “Faltan espacios seguros, faltan conversaciones honestas, falta representación sin etiquetas”, señala. Pero también reconoce que hay esperanza en una nueva generación que empieza a cuestionar lo que antes se asumía como incuestionable.
Hombres Íntegros es cine hecho con el corazón expuesto. Una película que no teme incomodar porque lo hace con el fin de sanar. Y en una industria que tantas veces ha romantizado el machismo o lo ha ignorado por completo, encontrar una voz como la de Andrade es, sin duda, un acto de valentía.
